dimarts, 22 de gener de 2013

Las cuentas de Jordi Pujol y Artur Mas en Suiza

 


javier de la rosa

Menudo final y principio de año hemos tenido con la corrupción de la saga de los Pujol, las cuentas de Jordi Pujol y Artur Mas, en Suiza, el caso Pallarols, todos ellos de Convergencia i Unió (CIU), y del Ayuntamiento de Sabadell (Barcelona). Los sobrecitos de 5.000, 10.000 y 15.000 euros en los que “supuestamente” se pagaba en dinero negro a los miembros de la cúpula del Partido Popular (PP). Pero no olvidemos tampoco los del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) como los ERE de Andalucía, el enriquecimiento del expresidente del Congreso de los Diputados, José Bono, o el caso “Campeón” que está metido hasta el cuello el exministro de Fomento, José Blanco, entre otros aunque desde el PSOE lo niegan, y encima el lider de la oposición, Alfredo Pérez Rubalcaba, exige explicaciones y dimisiones al Gobierno de Mariano Rajoy, PP, por el “caso Bárcenas”

Pero vamos a lo de Cataluña que hoy hay unas declaraciones que pueden aportar un poco de luz a este escandalo, aunque como me diría el “honorable” Jordi Pujol, esto ahora no toca, ahora toca el PP que está la cosa bien encarrilada por todos los medios para darles fuerte, incluso ahora también llenan páginas con artículos del escándalo de PP los diarios paniaguados catalanes de “La Vanguardia” y “el Periódico de Cataluña”, que no han derramado ni una sola gota de tinta para que los lectores principalmente catalanes no nos enteráramos de la porquería que arrastran los que nos gobiernan y piden la independencia de Cataluña para que nadie los pueda controlar.

Hoy el financiero Javier de la Rosa -foto- declarará en Madrid, en el Juzgado de Instrucción 43, para ratificarse en una denuncia presentada ante la Policía Judicial el 5 de diciembre último. Lo que se ventila es crucial: las cuentas de Jordi Pujol y Artur Mas en Suiza, nada menos. Pero empecemos por el principio.

Situémonos en la Barcelona de 1991, en la efervescencia de la preparación de los Juegos Olímpicos. A finales de la primavera de ese año 1991, el afamado banquero suizo Thierry Lombard, de la firma Lombard Odier, visita Barcelona. El banquero viene con un propósito concreto: ha sido informado –por Javier de la Rosa– de que el presidente de la Generalitat, Jordi Pujol Soley, quiere abrir “alguna cuenta” en la entidad. De la Rosa acompaña a Lombard al despacho de Pujol. Este “contrató alguna cuenta”, dice el atestado de la Policía Judicial. En la declaración de Javier de la Rosa sale también a relucir el nombre de Arturo Gianfranco Fasana, que sería el gestor de las cuentas de Pujol en otro banco suizo: el HSBC.

Lo que Javier de la Rosa ha contado a la Policía Judicial nos sumerge en el turbio mundo de las comisiones millonarias en maletas “con grandes cantidades de dinero en efectivo (cientos de millones de pesetas) y varios cheques al portador del Banco de España”. ¿De dónde venía ese dinero?, pregunta la Policía. Y De la Rosa responde: de la venta a la Generalitat de la sede central del edificio Gran Tibidabo. Luis Prenafeta, entonces secretario general de la Generalitat, pide la comisión al financiero. Este desconfía. Entonces el propio Pujol interviene: que se lo diera a él. Concepto: “parte de la comisión del proyecto Tibigardens, hoy denominado Port Aventura”, afirma el documento policial.

Pujol y De la Rosa se encuentran en el café Moroni de Barcelona, en la calle del Doctor Fleming. Pujol –precisa el informe policial– entra por “la calle del Doctor Rouse”. En realidad es la calle de Can Rabia, prolongación de la calle del Doctor Roux. En el exquisito café Moroni, al fondo del local, retrepados en sendos sillones de color negro, el financiero y el presidente solventan sus negocios. Eso dice De la Rosa
.
Es importante recordar que todo esto ya lo declaró De la Rosa en su día, cuando la instrucción del caso Gran Tibidabo. Ningún juez de Barcelona quiso investigar el asunto. Después las cañas se volvieron lanzas y Javier de la Rosa terminó en la cárcel por el escándalo del caso KIO. El financiero quedó deshecho ante la opinión pública mientras Jordi Pujol se consagraba como patriarca de la Cataluña moderna. Hasta hoy.

El precio del silencio Cuando empezaron a saltar noticias sobre las cuentas suizas de Jordi Pujol, el ex presidente llamó a De la Rosa. Le acusó de “ser el instigador de las informaciones publicadas con respecto a las cuentas en el extranjero de él y su familia –consigna la Policía Judicial de Madrid a partir de las declaraciones de De la Rosa–. Que le manifestó (Pujol) que habían recibido ciertas informaciones de que el Partido Popular y él eran los responsables de lo publicado y que el declarante lo hacía por dinero. Que el señor Pujol –añade la declaración– le dijo que estaban convencidos de que el Presidente del Gobierno de España no estaba al tanto de lo que se iba a publicar y que la única persona que tenía conocimiento de dicha información era el declarante”. O sea, De la Rosa.

Entonces empezaron las amenazas. El 29 de noviembre de 2012 Javier de la Rosa las denuncia ante la Policía Judicial en Madrid. Es ya un hombre muy distinto al tiburón de los años 90: sólo quiere vivir en paz y proteger a su familia. De la Rosa acude a la comisaría general de la Policía Judicial de Madrid para ratificarse ¿Quién amenaza a De la Rosa? Antiguos abogados suyos. ¿Y para qué le amenazan? Para que no mencione ciertos nombres vinculados a las finanzas en el extranjero de Jordi Pujol y Artur Mas.

¿Cuáles son esos nombres que De la Rosa no debe pronunciar? Los de un florido ramillete de personalidades del pujolismo catalán. Para empezar, Carles Vilarrubí Carrió, que empezó su carrera como chófer de Jordi Pujol padre y la terminó como vicepresidente del FC Barcelona y socio de Jordi Pujol hijo, pasando por la dirección general de la radiotelevisión catalana y de la Lotería de Cataluña. Otro nombre que De la Rosa no debe pronunciar es el de Carlos Sumarroca y Coixet, poderoso empresario, capitán del grupo COMSA-EMTE, que ha realizado numerosas obras de construcción civil en Cataluña, y promotor de la compra de Spanair. En tercer lugar, el empresario de la construcción Felip Massot Felip, propietario de la inmobiliaria Vertix, firma habitual de los grandes contratos del Ayuntamiento de Barcelona. Estos son los tres nombres que Javier de la Rosa no debía pronunciar. ¿Y si lo hacía? En ese caso –advertían las amenazas– De la Rosa se vería imputado ante un juzgado de Barcelona cuya titular, la juez Elisabet Castelló, profesa hacia el financiero una especial animadversión personal. Así, al menos, lo afirma el propio De la Rosa.

Hoy De la Rosa tendrá que ratificarse en todos estos extremos ante la juez Coro Cillán. El propio financiero, en su declaración, dice que de hacerse públicos estos extremos es muy posible que no se ratifique. ¿Por qué? Porque no quiere poner en riesgo a su familia. Se expone, ciertamente, a ser acusado de denuncia falsa. Pero incluso en ese caso, el juez está obligado a preguntarle por el fondo del asunto. Es decir, por las cuentas suizas de Mas y Pujol.