divendres, 12 d’octubre de 2012

Cuando los gallos se vuelven gallinas




etarras

Las ratas asesinas de ETA y sus cómplices son muy “valientes” cuando tienen una pistola en las manos y se dedican a matar a traición y a disparar a la nuca de inocentes, colocar bombas lapa debajo de los vehículos de la Guardia Civil o Policía Nacional entre otros, hacer estallar coches bomba sin respetar que pueden matar a menores como ya sucedió en las Casas Cuartel de la Benemérita en Vic (Barcelona), Burgos, Zaragoza o Santa Pola (Alicante) por poner unos ejemplos. Pero estos se vuelven unas gallinas cuando alguien les amenaza o van a por ellos.

Se llaman Luis y Juan Amador Moreno. Son dos hermanos gitanos que se dedican a apuñalar a presos de ETA por diversas cárceles españolas.

Ambos presos gitanos han compartido módulo en diferentes centros penitenciarios con varios reclusos de ETA. Y es ahí donde se han producido los incidentes. Concretamente ha habido tres agresiones en los últimos años:

En 2004, Luis Amador apuñaló en la cárcel de Villena a Aitor Fresnedo.

Justo una semana después, su hermano Juan asestó un navajazo a Patxi Ruiz en la prisión de Almería.

Más recientemente, el pasado 5 de julio, Juan Amador agredió físicamente a Aitor Liguerzana en Foncalent. Poco tardaron todos sus familiares y amigos hacer un comunicado y una asamblea para dar a conocer lo ocurrido.

Solo unos días después de este último incidente, el preso de etnia gitana fue trasladado a la prisión de Navalcarnero, en Madrid, donde coincidió con el antiguo jefe del comando Vizcaya Arkaitz Goikoetxea, al que fuera uno de los máximos dirigentes de ETA. De momento según parece este preso todavía no ha ido a por él.

Juan Amador también ha coincidido en Córdoba durante el pasado mes de septiembre con Oscar Calabozo, José María Etxeberria y Jon Urretabizkaia. Los tres denunciaron a los funcionarios de la prisión esta situación y, según denuncian sus familiares, fueron internados en el módulo de aislamiento.

Los familiares de los presos de ETA denuncian en su último boletín interno, que les preocupa que Instituciones Penitenciarias no ponga remedio a estas agresiones. Aseguran que les inquieta especialmente la vida de sus seres queridos. Hay que ser sinvergüenzas -por no decir algo más fuerte- para decir que les inquieta la vida de sus seres queridos, cuando estas ratas han segado la vida a cerca de mil inocentes y otras miles padecen secuelas físicas y psíquicas.